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Estanterías de doble fondo: del cuidado de libros a la creación de historias.

Por Noemí Suárez Herrera, bibliotecaria del CRAI Antonio de Ulloa.
08/10/2025

Cada 13 de octubre, dedicamos el Día de las Escritoras en España a las grandes voces que descansan sobre los estantes de nuestra biblioteca. Sin embargo, este año, dirigimos nuestra mirada también a aquellas compañeras que comparten mostrador con nosotras, a aquellas con las que compartimos el café, a aquellas que cada día trabajan a nuestro lado y sienten en sus dedos la urgencia de crear algo nuevo a cada instante.

Queremos reconocer a la escritora que reside entre el catálogo y la sala de lectura de nuestra biblioteca, ya que es ahí donde reside la fuerza del talento y el potencial que se esconde entre ellas.

Cientos de veces nos han preguntado si la escritora nace o se hace. Yo lo tengo claro: es la unión indisoluble de ambos verbos lo que define a una gran autora, independientemente si se gana la vida con ello o si tiene sus obras atesoradas en un cajón. Se nace con la necesidad irrefrenable de crear, de construir historias; se nace con esa inquietud por observar el mundo a través de un filtro narrativo… Pero es en la constancia y la práctica donde esa escritora en ciernes se forja y se consolida.

Para la mayoría de nuestras compañeras, la escritura no es una profesión remunerada, sino un acto de supervivencia íntima. Es el espacio personal y creativo que se mantiene a pesar de las múltiples responsabilidades. Es el tiempo que se araña a las horas de descanso y que a la vez nutren el alma para dar forma a personajes y explorar ideas que bullen dentro. Es una dedicación que requiere una valentía especial, esa misma fortaleza que inspiró a Almudena Grandes a construir sus tramas con la aparente fragilidad de las debilidades humanas, mostrando que lo más personal y vulnerable es a menudo lo más resistente.

Nuestra biblioteca, rebosante de voces impresas, es un lugar de inspiración perfecto. Una especie de santuario donde somos conscientes de la importancia de cada palabra y de lo apasionante que es escribir en esa búsqueda de nuestra propia identidad. Como escribió tan acertadamente Carmen Martín Gaite en su ensayo El cuento de nunca acabar (1983): "Cuando uno no cuenta, se queda sin saber quién es. Y el escribir no es más que una prolongación y un perfeccionamiento de ese afán de contar, la única forma que el ser humano tiene de ir enterándose de su propia verdad”.

En la soledad de la escritura, cada mujer se encuentra con la versión más pura de su propia voz, de su propia verdad.

Por tanto, desde este espacio, sede del conocimiento y el aprendizaje, celebramos no solo a las autoras que nos llenan las estanterías, sino a aquellas que están sentadas justo al lado, puliendo un poema o un relato. Las animamos a que se reconozcan como lo que ya son: escritoras. Porque todas merecen un lugar donde su voz sea la protagonista y un refugio en el silencio para la gestación de sus mundos, tal como hizo Carmen Laforet con Andrea, la protagonista de Nada, cuya mente libre fue su única y verdadera habitación propia. (Noemí Suárez Herrera).

 

Fuente de la imagen: Noemí Suárez Herrera

 

     

Autoría de la noticia: CRAI Antonio de Ulloa.